Ante el anuncio de Chile,
Ecuador, Perú, El Salvador y Brasil de retirar sus embajadores y la
calificación por Bolivia de Israel como «Estado terrorista», los
abajo firmantes creemos que la manipulación informativa en América Latina sobre
el actual conflicto en Gaza no sólo intoxica a los ciudadanos sino que inspira
políticas equivocadas y condenables.
Ciertamente, es de
lamentar que una vez más el Oriente Medio sufra otra guerra, porque toda guerra
conlleva dolor, destrucción y muerte. Siempre se producen equivocaciones y muchos
civiles inocentes acaban pagando las consecuencias de las decisiones de quienes
combaten. En ese sentido, nada nos gustaría más que el que se pudiera poner fin
a las hostilidades y se aliviara el sufrimiento humano cuanto antes.
Por ese motivo, manifestamos
lo siguiente:
1. Esta guerra no la ha
comenzado Israel. El Estado de Israel está respondiendo a la lluvia de cohetes
y disparos de mortero que le llegan cada día desde Gaza. Tres jóvenes fueron
secuestrados y asesinados. Docenas de cohetes fueron disparados antes de que el
Gobierno de Jerusalén decidiera defenderse militarmente. En las tres semanas
que llevamos de guerra, más de tres mil cohetes han sido lanzados contra la
población israelí.
2. Hamás no es una ONG,
es una organización terrorista, declarada como tal por el Gobierno de los
Estados Unidos y por la UE. La carta fundacional de Hamás, plenamente en vigor,
llama a la aniquilación de Israel y a la muerte de todos los judíos.
3. Hamás utiliza sus
cohetes precisamente como instrumento del terror, ya que no van dirigidos
contra objetivos militares sino indiscriminadamente contra centros urbanos en
suelo israelí. Si no han logrado más víctimas y destrucción se debe a la
eficacia del sistema antimisiles Cúpula de Hierro y a la escasa precisión de
muchos de ellos. De hecho, un número significativo de esos cohetes acaba
impactado en la propia Franja de Gaza.
4. Hamás usa a los
palestinos civiles para esconderse. Sus operativos y milicianos no sólo no
portan distintivo de combate alguno, sino que se aprovechan deliberadamente de
instalaciones civiles, escuelas, hospitales y mezquitas. La propia Agencia de
la ONU para los Refugiados ha admitido que tres de sus escuelas habían sido
usadas como almacén de armamento. Es más, estos arsenales estaban protegidos
con bombas trampa, como consecuencia de las cuales han muerto tres soldados
israelíes. Por qué los directivos de la ONU en Gaza lo han permitido o no lo
han denunciado a tiempo es algo que la comunidad internacional debe esclarecer
cuanto antes.
5. Hasta ahora, el
objetivo israelí ha sido doble. Por una parte, acabar con los lanzadores de
cohetes para que sus ciudadanos no vivan pendientes de las alarmas, teniendo
que correr a los refugios casi constantemente. Por otra, destruir la extensa red
de túneles que Hamás ha construido para infiltrarse en suelo israelí y cometer
sus atentados, secuestros y acciones de terror. No hay ni bombardeo masivo
sobre Gaza ni invasión de la Franja. Las operaciones terrestres se han
mantenido en una delgada línea de menos de 2 kilómetros.
6. Mientras que Israel
aceptó el plan de paz formulado por Egipto, Hamás ha rechazado toda posibilidad
de una tregua y violado sistemáticamente todos y cada uno de los acuerdos
temporales de alto el fuego por causas humanitarias. No es Israel el que se
opone a la paz. Al contrario, a lo que aspira es a poder vivir en paz y no bajo
la lluvia de bombas de Hamás.
7. Los abajo firmantes
somos plenamente conscientes del daño y sufrimiento que encarna la guerra, pero
también de que, para evitar un nuevo conflicto en la zona dentro de pocos
meses, cualquier alto el fuego que premie políticamente la agresión armada de
Hamás es un error. Si de verdad se aspira a la paz, la infraestructura del
terror –túneles, cohetes, fábricas de armas…– tiene que ser desmantelada en
Gaza. No hay otra alternativa. Lo podrían hacer la ONU o la comunidad
internacional, pero de momento sólo Israel está dispuesto a llevarlo a cabo,
porque su propia existencia depende de ello.
8. La presencia
terrorista no sólo afecta a Israel o al pueblo judío. La mayoría de los países
árabes también quiere la desaparición del grupo terrorista Hamás. Numerosas
fuentes así lo han puesto de manifiesto. En la medida en que los islamistas
palestinos respondan a los designios de Irán, su amenaza lo es también a escala
global, contra Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, quienes ya han sufrido
en sus propias carnes el zarpazo del terror islámico.
9. Finalmente, a los
firmantes nos parece una aberración equiparar moralmente a los dos bandos
contendientes, porque en un lado están el terror, la tiranía fanática islamista
y el culto a la muerte, mientras que en el otro están la libertad, la
prosperidad y la defensa de la vida. La barbarie y la civilización no pueden
ponerse en el mismo plano. Por eso hacemos este llamamiento a todos los
Gobiernos de la región: que vuelvan los embajadores retirados y demuestren su
solidaridad con quien está luchando, con toda la contención del mundo, por
acabar con el terror: el Estado de Israel.
Alejandro Toledo,
expresidente del Perú.
Luis Alberto Lacalle,
expresidente de la República Oriental del Uruguay.
Carlos Alberto Montaner,
escritor y periodista cubano.
John R. Bolton,
exembajador de EEUU ante la ONU.
Giulio Terzi, exministro
de Asuntos Exteriores de Italia.
Richard Kemp,
excomandante del Ejército británico.
Andrew Roberts,
historiador y escritor británico.
Roberto F. Agostinelli,
director ejecutivo de Rhône Group, Rhone Capital.
Fiamma Nirenstein,
política, periodista y escritora italiana.
Carlos Bustelo,
exministro de Industria de España.
Rafael L. Bardají,
director ejecutivo de la Friends of Israel Initiative.
Gaza: el terrorista es Hamás
05/Ago/2014
Libertad Digital, Rafael L. Bardají